Nota 1. Sobre el mal uso de las premisas o porqué han fallado las políticas recientes de seguridad en México

Publicado 24-11-2017

Hace un rato leía a Gerardo Rodríguez (https://twitter.com/gerodriguezsl) y Raúl Zepeda (https://twitter.com/zepecaos) reflexionando sobre lo que sabemos y lo que deberíamos hacer en materia de política de seguridad pública. Yo quiero y debo hacer mi parte en el tema y por eso es que les comparto esta reflexión.

A mi parecer, el problema de seguridad en el país lo podemos entender, en parte, si enlistamos algunos de los fallos que se han tenido políticamente. En este punto no me refiero a la mala política o la política chafa, comúnmente llamada “grilla”, y de la que tantos viven holgadamente. Me refiero a la política pública, la sectorial, la que se hace para resolver el problema público del que estamos hablando. También, a mi parecer, estos fallos pueden agruparse en dos tipos: materiales e intelectuales. Los fallos materiales se resumen en la incapacidad para reducir las medidas clásicas de la seguridad pública: incidencia, prevalencia, concentración y repetición de la victimización delictiva. Estos fallos materiales tienen varias causas, entre ellas, los fallos intelectuales que les han antecededido. Quiero persuadir al lector de que estos fallos intelectuales son, básicamente, fallos de premisa. Concretamente, estas premisas sobre las que se ha fundamentado las políticas de seguridad recientes, han sido o mal usadas, o mal entendidas, o simplemente equivocadas.

A continuación enlisto estos fallos y sus premisas correspondientes. Seguramente hay muchos más fallos, pero enlisto los que yo alcanzo a ver por el momento (al 23 de noviembre de 2017). Mi intención es simple: dar una guía para la discusión de soluciones a la política de seguridad, aprovechando los tiempos políticos que vivimos. En la presentación de este listado sigo tres reglas: menciono de forma expresa la premisa mal usada, su contrapuesto (en paréntesis), y hago ambas cosas en orden de eliminación.

Estos son los fallos y premisas que, a mi parecer, han sido mal usadas:

  1. La política de seguridad no es únicamente una política estructural (ej. de problemas profundos e históricos como la discriminación).
  2. Tampoco es una política de pocos instrumentos y/o balas de plata (ej. de unas reformas y leyes federales).
  3. Tampoco es de efectos lineales y nacionales (ej. de pensar eso de que si aumentamos en “X” la inversión, reduciremos en “Y” la incidencia delictiva, en la misma magnitud, en todos los lugares, y a lo largo de todo el sexenio).
  4. Tampoco debería ser una política con estándares federales rígidos (ej. diseño, financiamiento y evaluación solamente federales).
  5. Tampoco debería ser sustitutiva de la política social (ej. las acciones de prevención, por ejemplo, no deben ser de bienestar social en su sentido material).
  6. Tampoco debe entenderse y operarse como una política mediática (ej. esa ilusión que tienen muchos de los que se dedican a la política de que sólo ellos deciden qué son problemas públicos y qué no). 
  7. Finalmente, la política de seguridad sí, y también, debe verse como una política de fluctuaciones o coyunturas (ej. con picos de inseguridad que no son ni estacionales, no cíclicos, ni azarosos).

Esta última premisa debe quedar bien clara: la política de seguridad no es únicamente una política que requiere martillazos estructurales; es también una política que se sostiene por acciones coyunturales eficaces. Los fallos 1 y 7, el primero y el final, se relacionan de forma importante.

Para concluir con este breve reflexión, propongo la siguiente pregunta para motivar, inclusive, una discusión de mayor profundidad: ¿qué puede el caso de México enseñar a los demás en políticas de seguridad? Y termino diciendo que espero que los candidatos a la presidencia en 2018 no sigan pensando la política de seguridad de la misma manera que sus antecesores

Dale un    

 

Carlos Vilalta

http://vilalta.mx/notas/